Para Alejandra Pizarnik
Pues la tumba llamaba
y la socuridad saludable
brindaba su abrazo
cada dia mas.
Hasta que la negra noche
vino solitaria,
dejando atras el veraniego sol.
Las estrellas de plata sonriente
observaron bulliciosas
como los miles de ojos se cerraban en un par
para nunca mas,
nunca mas,
nunca mas...
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